Berlín cerró la vida nocturna en toda la ciudad desde el comienzo de la segunda ola, un hecho que se repite en todas las países y ciudades europeas. La tasa media supera ligeramente los 50 contagiados por cada 100.000 habitantes y la capital se ha blindado decretando el cierre de bares y restaurantes entre las 23:00 hasta las 6:00. En ese horario tampoco está permitido ni alcohol ni los grupos de más de cinco personas.

A pesar de las restricciones, han proliferado las fiestas espontáneas al aire libre en parques y calles de los barrios más noctámbulos de la ciudad. Es por ello y a modo de experimento que la Comisión de Clubes de la ciudad se ha propuesto la reactivación del sector del ocio nocturno mediante la implantación de zonas de test rápidos COVID antes de acceder a los locales.
La idea es montar carpas a la entrada de las salas para realizar las pruebas a los clubbers y en un periodo máximo de treinta minutos ver si las pruebas de antígenos son positivas o no. Aunque su fiabilidad ronda el 80%, la comunidad científica se ha puesto al servicio de la Comisión para llevar a cabo este experimento.

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