El descanso de la Super Bowl LX quedará registrado como uno de los más singulares de la historia reciente del evento. Bad Bunny protagonizó el intermedio de la final de la NFL con una actuación que combinó espectáculo, identidad cultural y un recorrido claro por su propio repertorio, llevando el español y la música latina al centro del mayor escaparate mediático de Estados Unidos.

El artista puertorriqueño abrió su show con “Tití Me Preguntó”, uno de los himnos más reconocibles de su carrera, marcando desde el primer minuto el tono festivo y popular de la actuación. A partir de ahí, el repertorio avanzó entre algunos de sus éxitos más emblemáticos, como “Yo Perreo Sola”, “NuevaYol” y “Baile Inolvidable”, piezas que resumen su impacto tanto en el reggaetón como en la expansión global de la música urbana latina.
El set incluyó también referencias a las raíces del género, con guiños al reggaetón clásico y a los ritmos caribeños que han definido su trayectoria. En ese recorrido sonoro, Bad Bunny reforzó el mensaje de pertenencia cultural con frases como “Esta es la música de Puerto Rico”, subrayando el origen de un sonido que hoy domina las listas internacionales.
Más allá del repertorio, el espectáculo destacó por su tono reivindicativo. Mensajes como “Todos juntos somos América” y “Lo único más poderoso que el odio es el amor” funcionaron como ejes temáticos, convirtiendo al descanso en una declaración de unidad y diversidad en un momento socialmente cargado. La presencia de banderas latinoamericanas ondeando junto a la suya reforzó esa apuesta por la inclusión y la representación.
Uno de los momentos más comentados de la noche fue cuando Bad Bunny, haciendo eco de su historia personal y de la comunidad puertorriqueña, entregó uno de sus premios Grammy recientes a un niño que representaba, simbólicamente, su propio camino desde sus orígenes hasta el escenario más visto del planeta. La imagen se convirtió en uno de los instantes más replicados del show, simbolizando la idea de transmisión generacional y de esperanza.
La actuación contó con la participación de Lady Gaga, que se sumó en uno de los momentos más comentados del espectáculo, y de Ricky Martin, cuya presencia funcionó como un reconocimiento a las generaciones que abrieron camino a la música latina en el mercado estadounidense. La combinación de artistas convirtió el intermedio en un puente entre épocas y estilos.

El cierre del show llegó con una puesta en escena cargada de simbolismo, banderas latinoamericanas y mensajes explícitos como “Todos juntos somos América” y “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, reforzando el carácter político y social de una actuación que trascendió lo musical. La reacción no tardó en llegar, con críticas públicas por parte de Donald Trump, que contribuyeron a amplificar aún más el impacto del espectáculo.

La actuación no estuvo exenta de polémica. En un contexto donde el debate sobre identidad, inmigración y diversidad cultural ocupa un lugar central en la política estadounidense, el espectáculo fue leído como un gesto de afirmación frente a discursos contrarios. La respuesta pública incluyó declaraciones críticas desde sectores políticos, que terminaron ampliando el eco mediático del show.
Con más de cien millones de espectadores siguiendo el evento en directo, Bad Bunny consolidó su posición como una de las figuras más influyentes de la cultura popular contemporánea. Su paso por la Super Bowl no solo repasó algunos de los temas más significativos de su discografía, sino que confirmó la música latina —y su narrativa— como protagonista en una plataforma de alcance global.