Quedamos con Rosa Pistola en plena calle del Dos de Mayo en Malasaña, en PISTOLA (@quierounapistola), para realizar el shooting del reportaje del mes de mayo y compartir un rato con ella fuera de cabina. La DJ y productora, una de las figuras más singulares y contundentes de la escena urbana y electrónica, ha construido un proyecto propio a base de riesgo, investigación y una identidad artística muy definida entre México y América Latina.
Durante esta entrevista repasamos sus inicios, su recorrido antes de la pista de baile, su visión del reguetón y la cultura underground, y el momento actual de su proyecto, cada vez más expandido hacia lo performativo y lo multidisciplinar. Sin filtros ni concesiones, Rosa habla con claridad sobre industria, escena y coherencia artística en un entorno cada vez más globalizado y cambiante.
Vienes de Bogotá, pero tu carrera ha crecido mucho en México. ¿Cómo ha cambiado tu sonido entre esos dos lugares?
Cuando vivía en Colombia era muy joven. Aunque ya hacía música, era la música de una niña de 18 años: impulsiva, ignorante de muchas cosas, sin un camino claro ni una visión definida. Tenía muchas ganas de experimentar, pero todavía no sabía qué quería hacer ni cómo hacerlo bien.
La mayor parte de mi vida adulta la he construido en México. Venir de un lugar tan rudo como Colombia hizo que, en México, muchas cosas se sintieran posibles para mí. No hablo de “algún tipo de vida”, sino de una vida: la posibilidad de existir, crecer, trabajar y tener esperanza. Eso me dio una base para madurar y aprender, dentro de mis capacidades, a cumplir las metas que me iba proponiendo.
La música que hacía en Colombia era como un grito de frustración de una niña que todavía no sabía que podía vivir de otra forma, que podía tener oportunidades. Por eso amo tanto a México: porque México y los mexicanos me abrazaron, me hicieron parte de su familia, me curaron el alma y me dieron la comprensión y las oportunidades que necesitaba. Con eso ganado, pude empezar a hacer música de una forma más consciente y crecer.

Tu estilo tiene mucho de reguetón clásico, pero también de club experimental. ¿Qué te atrae de esa mezcla?
No es que me “atraiga” como una decisión estética. Es que así funciono yo.
Tengo una necesidad inmensa de crear, y esa misma necesidad me obliga a aprender, investigar y meterme en lugares nuevos. A una persona creativa no la puedes obligar a hacer siempre lo mismo. Para mí eso es una cárcel.
Yo necesito expresar todo lo que siento y experimentar con todo lo que me da curiosidad. No me interesa quedarme encerrada en un solo género, ni en una sola escena, ni en una sola forma correcta de hacer las cosas. El reguetón clásico, el club experimental, lo popular, lo raro, lo sucio, lo emocional: todo eso convive en mí.
“NO ME INTERESA QUEDARME ENCERRADA EN UN SOLO GÉNERO, NI EN UNA SOLA ESCENA, NI EN UNA SOLA FORMA CORRECTA DE HACER LAS COSAS”
¿Qué te sigue emocionando hoy de pinchar después de tantos años?
Todo. Me sigo poniendo nerviosa incluso cuando ensayo sola en mi casa. Me sudan las manos, me duele la panza. Me encanta ese reto de enfrentarme a la máquina cada vez que estoy frente a ella.
Cuando digo “la máquina” me refiero a los CDJ. Para mí, pinchar no tiene que ver solamente con el público o con los fans. Tiene que ver con esa cita que tengo con la máquina, con esa conversación. Es el medio de comunicación que más uso para conectarme con los humanos.
La máquina me dio un lenguaje para poder ser sociable, para participar en las reuniones humanas, para decir cosas que quizá de otra forma no sabría decir. Eso me sigue emocionando muchísimo.

¿En qué estás trabajando ahora mismo? ¿Hay música nueva o proyectos que te tengan especialmente ilusionada?
Siempre tengo mil proyectos abiertos, y a veces eso es hermoso y horrible al mismo tiempo, porque nunca sé exactamente cuál va a salir primero o cuál va a terminar tomando forma.
Ahora mismo estoy trabajando en varios discos en proceso creativo, en mi tercer documental musical, que está enfocado en el tribal mexicano, y también en un libro sobre la historia gráfica y cultural del reguetón mexicano.
Además, estoy transformando mi show hacia una versión más performática, donde se involucran más artistas, visuales y elementos escénicos. Me interesa crear una experiencia más envolvente, construir un mundo sólido dentro de mis presentaciones y no quedarme solamente en el formato DJ set tradicional.
¿Sientes que estás en un momento de consolidación o de reinvención?
Creo que siempre estoy reinventándome, porque me aburro muy rápido de todo. Para mí, la reinvención no es una etapa: es una forma de vivir creativamente.
No me interesa quedarme instalada en una identidad fija solo porque ya funcionó una vez. Me gusta moverme, incomodarme, aprender cosas nuevas y empujar mi propio proyecto hacia lugares que todavía no conozco.
“CREO QUE SIEMPRE ESTOY REINVENTÁNDOME, PORQUE ME ABURRO MUY RÁPIDO DE TODO.”
¿Hay alguna colaboración reciente o futura que te haga especial ilusión?
Me emociona mucho lo que estoy haciendo con Eck Echo, el sello de Perú con el que estoy sacando música más trascendental, menos pensada para el club y más conectada con una búsqueda espiritual y cultural.
Es una música con raíces del continente americano muy marcadas, que fusiona elementos de diferentes culturas del continente. Me interesa mucho ese cruce entre lo ancestral, lo emocional y lo electrónico, porque siento que abre un espacio distinto dentro de mi trabajo.

Has defendido el reguetón desde un lugar más underground. ¿Cómo ves la evolución del género hoy?
Me parece el flujo normal del arte dentro del capitalismo. Empieza como un movimiento de resistencia, como una forma de expresión frente a la injusticia, como el reflejo de una comunidad marginada. Luego le gusta a todo el mundo, lo blanquean, lo limpian, lo vuelven producto y termina siendo otra cosa.
No voy a decir que me da asco, pero algo parecido.
“ME PARECE EL FLUJO NORMAL DEL ARTE DENTRO DEL CAPITALISMO. EMPIEZA COMO UN MOVIMIENTO DE RESISTENCIA, COMO UNA FORMA DE EXPRESIÓN FRENTE A LA INJUSTICIA, COMO EL REFLEJO DE UNA COMUNIDAD MARGINADA.”
¿Crees que el reguetón ha perdido algo al volverse tan global o ha ganado más de lo que ha perdido?
Depende de a quién se lo preguntes. La respuesta cambia según los valores de cada persona. Yo, en específico, siempre me he dedicado a lo underground. Lo que me inspira es la escena, el riesgo, la incomodidad, la energía de algo que todavía está vivo y no completamente domesticado. Cuando algo se vuelve demasiado mainstream, para mí pierde parte de su encanto. No porque esté mal crecer, sino porque muchas veces dejamos de convivir dentro de la misma escena y empezamos a hablar lenguajes muy distintos.
“YO, EN ESPECÍFICO, SIEMPRE ME HE DEDICADO A LO UNDERGROUND. LO QUE ME INSPIRA ES LA ESCENA, EL RIESGO, LA INCOMODIDAD, LA ENERGÍA DE ALGO QUE TODAVÍA ESTÁ VIVO Y NO COMPLETAMENTE DOMESTICADO.”
Si tuvieras que señalar un problema real dentro de la escena electrónica/urbana, ¿cuál sería?
Los Tiktokers, modelos y gente que quiere hacerse famosa con un arte que no les importa y que ni siquiera entienden. Hay mucha gente usando la música como excusa para tener visibilidad. No hay investigación, no hay amor por la cultura, no hay respeto por la escena. Solo quieren verse como artistas sin trabajar.
“HAY MUCHA GENTE USANDO LA MÚSICA COMO EXCUSA PARA TENER VISIBILIDAD. NO HAY INVESTIGACIÓN, NO HAY AMOR POR LA CULTURA, NO HAY RESPETO POR LA ESCENA.”
¿Crees que hay artistas que están “jugando a ser calle” sin realmente entender la cultura?
Primero habría que preguntarnos qué significa “ser calle”. Para mí no es una estética. No es vestirte de cierta forma, usar ciertas palabras o romantizar la pobreza desde afuera. Para mí, la calle tiene que ver con contextos reales de limitaciones económicas, educativas y sociales. Tiene que ver con crecer en entornos donde muchas veces la falta de oportunidades te empuja a tomar decisiones difíciles o incluso equivocadas. Entonces, cuando alguien usa eso como disfraz o como estrategia de marketing, me da asco.
“PARA MÍ, LA CALLE TIENE QUE VER CON CONTEXTOS REALES DE LIMITACIONES ECONÓMICAS, EDUCATIVAS Y SOCIALES. TIENE QUE VER CON CRECER EN ENTORNOS DONDE MUCHAS VECES LA FALTA DE OPORTUNIDADES TE EMPUJA A TOMAR DECISIONES DIFÍCILES O INCLUSO EQUIVOCADAS.”
¿Cómo ha sido tu experiencia como mujer dentro de la escena DJ, especialmente al inicio?
Normal. Difícil, como le toca a cualquiera que empieza sin contactos y sin una red que le abra puertas. No voy a negar que existe el machismo, porque existe. Pero mi experiencia no la cuento desde ahí. A mí me tocó trabajar, abrirme paso, sostenerme y demostrar con hechos, igual que a mis colegas hombres.

¿Sientes que todavía hay barreras o prejuicios?
Seguramente existen, pero yo nunca he dejado que eso me defina. Nadie se ha atrevido a decirme en la cara que no puedo hacer algo por ser mujer. Y si alguien lo hiciera, se arrepentiría. No me interesa ponerme en un lugar de víctima. Yo no camino así por el mundo.
“NADIE SE HA ATREVIDO A DECIRME EN LA CARA QUE NO PUEDO HACER ALGO POR SER MUJER. Y SI ALGUIEN LO HICIERA, SE ARREPENTIRÍA.”
¿Consideras que has tenido que demostrar más que otros compañeros hombres?
No sé. Para mí ser DJ no es un concurso donde todos están compitiendo en la misma categoría.
Cada quien elige su camino. Si eres modelo o tiktoker DJ, tienes que demostrar que eres el más guapo o la más guapa: ir al gimnasio, tomarte fotos, desnudarte en redes, vestirte increíble. Si eres productor, tienes que estudiar y hacer música cabrona. Si eres selector, tienes que investigar y tener criterio. Hay mil caminos y cada uno tiene retos distintos.
¿Cómo construyes un set? ¿Improvisación total o planificación previa?
Primero estudio el contexto: en qué fiesta me contrataron, en qué horario voy a tocar, quién toca antes de mí y quién toca después. Con esa info puedo decidir hacia dónde llevar el set.
Hay momentos que requieren improvisación total y adaptación de último minuto. También hay espacios donde sí puedes presentar una visión más preestablecida. Para mí, un buen set no es solo poner canciones que me gustan, sino entender el lugar, el tiempo, la energía y el propósito de esa presentación.
¿Qué buscas provocar en la gente cuando pinchas?
Depende mucho del espacio donde me estoy presentando. Hay veces en las que simplemente quiero cumplir con el trabajo y que termine. Y hay otras en las que conecto muy fuerte con la música y quiero que todos sientan lo que yo siento cuando los sonidos me atraviesan.
En esos momentos busco una conexión física y emocional. Quiero que la gente entre en un estado, que el cuerpo responda, que algo se active. No siempre se puede lograr, pero cuando pasa, es muy poderoso.
¿Qué te queda por hacer que aún no hayas conseguido?
Descansar. Dormir plenamente sin estar pensando en lo que va a pasar mañana.
Si tuvieras que definir tu proyecto en una frase hoy, ¿cuál sería?
Mi proyecto soy yo. Y dentro de mí vive una necesidad más grande que la vida misma: crear y transformar a través del arte y la rebeldía.
Lorena Galdón,
Yaiza Cobo