Hay conciertos que simplemente trasladan unas canciones a un escenario y otros que buscan construir algo alrededor de ellas. Red Bull Symphonic “La música camina conmigo” perteneció a la segunda categoría. El pasado 22 de septiembre, el Auditorio Nacional de Música de Madrid acogió la primera edición en España del formato, con Lia Kali como protagonista y una formación sinfónica dirigida por Lucas Vidal. Cuatro actos, una orquesta, su banda y varios de los artistas que han acompañado su trayectoria sirvieron para convertir su repertorio en un recorrido por el éxito, los miedos, la vulnerabilidad y la búsqueda de una salida.
Desde el primer momento, el concierto planteó algo más que una reinterpretación sinfónica. Lia Kali apareció en lo alto de la escalera del Auditorio para comenzar con Contra todo pronóstico y fue descendiendo hacia un escenario convertido en laberinto, acompañada por las bailarinas. La escena marcaba el inicio de una historia que avanzaría a través de la música, la iluminación, la escenografía y el movimiento. Al frente de la orquesta estaba Lucas Vidal, mientras Pablo Donaire asumía la dirección musical del proyecto.

El recorrido también estuvo marcado por las colaboraciones. Fernando Costa fue el primero en aparecer junto a Lia Kali para interpretar Te conocí bailando y Para aguantar. Después llegó Elane con Falso, en una aparición sin presentación previa que terminó con un telón envolviendo a la artista y dando paso a una nueva parte del espectáculo.
El segundo acto llevó la propuesta hacia un terreno más oscuro. Antony Z se incorporó en Peor que la policía, antes de que uno de los momentos más inesperados de la noche llegase con la aparición de Kase.O. El artista apareció desde la parte alta de la escalera, acompañado por varias figuras encapuchadas, para interpretar God Damn sobre una adaptación inspirada en el Réquiem de Mozart. Después, un solo de violín dejó a la orquesta en primer plano y rebajó la intensidad antes de continuar con el siguiente capítulo.
A partir de ahí, el laberinto comenzó a apuntar hacia la salida. En Cachito de luz, Zatu compartió escenario con Lia Kali, mientras Acción Sánchez aportaba una de las imágenes más reconocibles de la noche con su guitarra-plato. Más tarde, Volvernos a amar reunió a Toni Anzis y Salma en uno de los momentos más íntimos del espectáculo. La intervención de Toni Anzis, que cerró con un solo, dejó el escenario preparado para el último tramo del viaje.

El desenlace comenzó con Lucas Vidal tomando el sintetizador durante un interludio. Cuando Lia Kali reapareció en lo alto de la escalera, esta vez vestida de rojo, el cambio era evidente. Me muero, Chulx y Renacer acompañaron esa transformación, antes de que Alzo el vuelo iniciara el camino de regreso junto a las bailarinas.
La última parada fue Cantaré. Lia Kali volvió a descender hasta el centro del escenario mientras crecían la orquesta y la banda. Poco a poco, los artistas que habían formado parte del recorrido fueron regresando para reunirse a su alrededor. La imagen final cerraba el círculo: después de atravesar el laberinto, la salida estaba en la música y en todas las personas que habían compartido aquel camino.
La primera edición española de Red Bull Symphonic no planteó simplemente qué ocurre cuando una artista urbana se acompaña de una orquesta. La propuesta buscó descubrir qué podían ser esas canciones al cambiar de lenguaje, de espacio y de dimensión sonora. Y en el caso de Lia Kali, el resultado fue un recorrido construido específicamente para una única noche, en el que su repertorio encontró nuevas formas de ser interpretado sin perder el vínculo con la historia que hay detrás de cada canción.























