El pasado sábado 17 de octubre, el DJ y productor madrileño Dennis Cruz volvió a la capital para ponerse al mando de The Lenovo Garage en una nueva cita de BSMT Live. La propuesta era sencilla sobre el papel: siete horas de música, un solo DJ y ninguna discusión sobre quién entra después. De 17:00 a medianoche, la cabina tenía dueño. Y eso, aunque pueda parecer un plan bastante cómodo, también tiene su responsabilidad. Hay quien tarda cuarenta minutos en decidir qué cenar y aquí hablamos de mantener el rumbo musical de toda una tarde.
La idea de un All Day Long tiene precisamente ese punto de partida. No se trata solo de alargar una sesión hasta que el reloj pida clemencia, sino de darle a un artista tiempo para desarrollar su selección, cambiar de intensidad, jugar con los ritmos y llevar la música por donde considere. Sin relevos, sin tener que condensar todas sus ideas en una hora y sin la presión de dejarle el terreno preparado al siguiente.
Eso sí, siete horas son siete horas. Hay gente que no aguanta ni siete minutos sin mirar el móvil y aquí hablamos de mantener la atención de una pista durante toda una tarde. Desde fuera, pinchar puede parecer bastante sencillo: unos cascos, una mesa, cuatro botones y la sensación de que tampoco hay que estar desactivando una bomba. Hasta que te das cuenta de que hay que leer el ambiente, elegir el momento adecuado y, sobre todo, no quemar todos los cartuchos en la primera hora, como quien se come el postre antes de empezar a cenar.

La clave está en saber administrar el tiempo. Construir un recorrido musical requiere paciencia, intuición y cierta capacidad para entender qué pide la pista en cada momento. Porque tener siete horas por delante no significa que todo valga, igual que disponer de una tarde entera no garantiza que vayas a aprovecharla. Aunque, a diferencia de lo que ocurre cuando abrimos la aplicación del banco después de un festival, en este caso sí hay margen para corregir el rumbo.
En ese terreno se mueve Dennis Cruz, nombre artístico de Denis de Galdo Troyano, un DJ y productor madrileño que lleva años consolidando su posición en la escena electrónica internacional. Su sonido transita entre el house y el tech house, con bajos contundentes, percusiones y matices funk y latinos que dan personalidad a sus producciones. No hace falta conocer todos los subgéneros ni llevar gafas de sol dentro de una sala para disfrutarlo. Aunque siempre hay alguien dispuesto a mirarte como si acabases de suspender el acceso a Berghain por preguntar qué está sonando.

Su trayectoria se ha construido a través de producciones, sesiones y actuaciones en distintos puntos del circuito internacional. Un recorrido que le ha permitido desarrollar una identidad reconocible sin quedarse atrapado en una única fórmula. Porque encontrar un sonido que funciona ya tiene su mérito; conseguir que siga teniendo sentido después de años trabajando con él es otra historia. La electrónica está llena de gente que encuentra la gallina de los huevos de oro y decide ponerla a trabajar hasta que no puede más.
Volver a Madrid con un formato de estas características también tiene algo especial. No es lo mismo pasar por una ciudad para cumplir con un horario que disponer de toda una tarde para desarrollar tu propuesta ante un público que comparte ese espacio contigo. La relación con la música cambia cuando no tienes que estar pendiente de los relevos y puedes dejar que el set avance a su propio ritmo.
Además, empezar a las cinco de la tarde tiene una ventaja evidente: sobre el papel, parece el plan perfecto para cualquier adulto que intenta mantener una mínima estructura vital. Sales pronto, escuchas música, ves a tus amigos y vuelves a casa a una hora razonable. Incluso puedes engañarte pensando que el domingo te va a cundir.
El problema es que la palabra «razonable» cambia bastante cuando hay música de por medio. Lo que a las cinco parece una tarde tranquila puede acabar convirtiéndose en una negociación entre tu cuerpo, tu agenda y ese amigo que siempre dice «la última» con la misma credibilidad que un político en campaña.
Tampoco hace falta que la noche se tuerza para que el plan se alargue. A veces basta con estar a gusto, que suene algo que te gusta y que nadie tenga demasiadas ganas de irse. Y eso fue precisamente lo que ocurrió el sábado. En ese momento, todas las decisiones parecen buenas. Incluso pedir otra ronda cuando sabes que al día siguiente tienes cosas que hacer. El cerebro está de vacaciones, pero la alarma del lunes no ha recibido el comunicado.

En ese contexto, el formato All Day Long encaja especialmente bien. No obliga a vivir la música como una carrera entre artistas ni a consultar el horario cada veinte minutos. La propuesta gira alrededor de un solo nombre y deja que sea su selección la que marque el recorrido. Para el público, significa poder entrar en esa dinámica sin estar pendiente de lo que viene después; para el DJ, supone disponer del tiempo necesario para construir una sesión con calma, explorar diferentes registros y decidir hasta dónde quiere llevarla.
Que Dennis Cruz sea de Madrid es una buena forma de empezar esta historia, pero su trayectoria va mucho más allá de su lugar de origen. Su recorrido demuestra que desde la escena electrónica española también se construyen carreras con proyección internacional y propuestas capaces de encontrar su espacio fuera de casa.
Al final, cada formato tiene su gracia. Hay noches en las que apetece recorrer varias cabinas y otras en las que prefieres entregarte a una única propuesta. Lo importante es que la música tenga espacio y que el artista sepa qué hacer con él. Lo demás —la hora de vuelta, el último taxi o el mensaje del domingo preguntando quién tiene una chaqueta que no es suya— pertenece a otra sección de la cultura electrónica.
Porque Madrid no solo exporta cocido y chulería. También tiene artistas que llevan su sonido por medio mundo y que, de vez en cuando, vuelven a casa para demostrar que aquí también se juega en primera división electrónica.
Y si alguien te pregunta qué tal el plan, siempre puedes decir que era una tarde tranquila de música. Técnicamente, no estarías mintiendo.
























