Fotografía realizada por Diego Vitores (@_diegovitores)
Para pagar el evento. El Sindicato de Inquilinas de Madrid organiza un evento bajo el nombre de Poder Sindical, el poder de pagar el evento. Un festival en el Vistalegre anunciado como una celebración de lucha colectiva. Una lucha que pierde credibilidad para ganar entradas.
El 15 de noviembre, cuatro días después de una huelga general que no ocurría desde hace catorce años y a escasos dieciocho días de unas elecciones generales, hay que celebrar algo, no sé muy bien el qué. Pagas una entrada para no sabemos muy bien el qué a no sabemos muy bien quiénes. El problema es que sí que lo sabemos. La tiquetera es Ticketmaster y el evento no tiene caja de resistencia. El dinero no va para ninguna causa, se queda en el evento. Lo han intentado arreglar contando que «desde el primer momento se habilitó una Fila 0», que viene a ser «un donativo sin entrada». El tonto útil. De nuevo, ¿para qué sirve el evento?

Eventos se han hecho siempre. Eventos que reúnen, ayudan y movilizan de verdad, también. O, en su defecto, se han intentado de mejores maneras o, por lo menos, más discretas. La música puede ser la excusa para reunirse en muchas ocasiones porque la música siempre será política, pero no así. Esto no es un concierto benéfico, es solo una fiesta con eslóganes. Una batucada de pago con algún que otro momento mitinesco. Un cartel de artistas interesante, a buen precio, pero ¿para qué?. Claro que hay espacio para momentos de ocio en los tiempos que corren pero ¿es el Inquilinato quién tiene que montarlos? ¿Ahora?

Otro de los puntos cuestionables es la elección de Ticketmaster como plataforma de venta. La compañía, propiedad de Live Nation, lleva años en el centro de las críticas por su posición dominante en el mercado de las entradas y por los costes que asumen los consumidores. En este caso, cada entrada incluye 1,50 euros en gastos de gestión, una cantidad que también se aplica a través de la plataforma en la opción de Fila 0. Resulta, como mínimo, contradictorio recurrir a una empresa cuyas prácticas comerciales han sido cuestionadas en distintas ocasiones para organizar un evento que se presenta como una respuesta colectiva frente a las desigualdades.

Las contradicciones no desaparecen por añadir consignas políticas al cartel. La organización de un evento también implica tomar decisiones sobre la financiación, los proveedores, la gestión de las entradas y el destino de los ingresos. No todo puede resolverse de forma ideal, pero sí cabe explicar con claridad las limitaciones, las alternativas que se han valorado y los motivos por los que se ha optado por un modelo determinado. Si el objetivo es fortalecer una lucha, la transparencia no debería ser un elemento secundario.

La música, el ocio y el encuentro tienen valor por sí mismos. No todo necesita convertirse en una herramienta política ni cada celebración tiene que justificar su existencia a través de una causa. El problema aparece cuando una fiesta se presenta como una forma de lucha colectiva sin explicar de qué manera contribuye a ella. Organizar un evento no es lo mismo que organizarse. Y llenar un recinto no equivale, por sí solo, a construir poder sindical.
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