Rosalía volvió a actuar el pasado lunes en Barcelona convertida en fenómeno global y lo hizo para ofrecer el primero de sus cuatro conciertos programados en el Palau Sant Jordi en su ya exitoso Lux Tour.
En un abarrotado Palau Sant Jordi, la artista catalana desplegó un show con precisión milimétrica, visceral y emotivo confirmando de nuevo por qué es una de las figuras más influyentes del panorama musical actual.

Nuestra experiencia en el Palau Sant Jordi comenzó temprano, alrededor de la media mañana y paseando por los alrededores pudimos conocer y charlar con algunos de los primeros fans que hacían cola y ser los primeros en entrar y por qué no también, - ser uno de los elegidos por el equipo de la artista para subir al escenario y compartir un momento único -.
En esas charlas conocimos a fans que era su primera vez; otros repetían después de Motomami e incluso algunos tenían la suerte de poder disfrutar de Lux Tour en más de dos ocasiones. La expectación era muy alta y por eso al poco de abrir sus puertas el Palau Sant Jordi presentaba un lleno absoluto.
Frente a nosotros, un escenario sencillo, minimalista y dejando claro que el protagonismo estaría en la música y la narrativa.
Rosalía apareció con esa presencia magnética que desprende en un inicio directo y potente - tono en el que transcurrió la velada - transitando con naturalidad entre sus diferentes etapas creativas, combinando temas de Motomami como “Saoko”, “Bizcochito” o “CUUUUuuuuuute”; con clásicos como “Despechá” y un gran repertorio de su disco Lux como “Berghain” - y el remix que hizo bailar techno a todo el Palau -, “Reliquia”, “La Perla” o “Dios es un Stalker” entre muchos otros.

Un gran acierto del concierto fue precisamente esa estructura dinámica con un setlist alternando momentos de alta intensidad con otros más íntimos y emotivos donde Rosalía mostró una espectacular precisión vocal - gran parte de su talento reside en esa voz -.
“Rosalia: avui el cor m’anava a mil, però per una raó molt concreta, i és perquè estic cantant a la meva ciutat.”
La conexión con el público fue constante, donde Rosalía entre canciones se mostró cercana y agradecida, consciente del momento que estaba viviendo en "casa" llegándose a emocionar en varios momentos, especialmente cuando interpretó algunos de sus temas más personales, coreados por un público entregado.
Destacable también fue el equipo de coreografía, parte relevante del show, con un cuerpo de baile perfectamente sincronizado manteniendo ese equilibrio entre lo ensayado y espontáneo.
Mención especial sin duda a la Heritage Orchestra de Londres que acompaña a Rosalía en su Lux Tour, con una exquisita calidad y un nivel altísimo elevando el espectáculo todavía más. La orquesta británica de vanguardia es conocida por fusionar música clásica, electrónica, pop, rock y jazz.
También hubo momentos para la expectación y el humor, porque Rosalía en su Lux Tour ha conseguido con su momento "confesionario", crear ese fenómeno de masas. Y en este primer concierto en el Palau Sant Jordi, la invitada tampoco decepcionó. Yolanda Ramos fue quien se sentó frente a ella para mantener una charla de diez minutos donde no faltó el humor, anécdotas y carcajadas de todo el Palau. Y la pregunta es… ¿Quiénes serán los siguientes invitados al confesionario?.
El formato de Lux Tour es ideal para lugares como el Palau Sant Jordi, visualmente estético, con dos pantallas y cámaras que permitieron ver a la artista con mucho detalle.
Tras dos horas de concierto, llegó el apoteósico cierre, superando la experiencia artística con creces.
Rosalía no solo domina el escenario, sino que lleva su propuesta más allá de géneros y etiquetas, reafirmando su posición como una de las grandes creadoras del momento, dejando claro que esta experiencia de Lux Tour seguirá creciendo en cada concierto que está aún por llegar.
Rubens





















































