El 2 de marzo de 2026, en la Calle Galileo 100, en pleno barrio de Chamberí, Antony Z presentó el que él mismo define como el álbum de su vida: Le F*llen al Miedo.
Vestido completamente de blanco —camisa y pantalón— el artista granadino apareció sobre el escenario como quien se desprende de algo antiguo para empezar de nuevo. Y eso es exactamente lo que representa Le F*llen al Miedo: una ruptura consciente con todo aquello que lo paralizaba.
Tras años destacando por una sensibilidad única y una capacidad natural para moverse entre géneros sin perder esencia, Antony Z, con este disco, marca un punto de inflexión claro en su trayectoria.
El disco, compuesto por 11 temas, arranca con “Intro: Incertidumbre”, una apertura sin autotune en la que Antony decidió no esconderse, prescindiendo de cualquier herramienta que suavice su vulnerabilidad. A partir de ahí, el ritmo cambia con “Un piketón”, con un sonido más funky que despertó palmas espontáneas entre el público. Canciones que hablan de nuevos comienzos sin inseguridades.
Con “Te siento distante”, la atmósfera se volvió más introspectiva. Tras estas tres primeras canciones, Antony se detuvo para preguntar cómo lo estábamos sintiendo y agradecer al equipo responsable de los visuales, que potencian la emoción de cada tema y amplifican su narrativa.
Ese conflicto emocional encuentra un punto de inflexión en “Besos dorados”, junto a Pablo Alborán. Una colaboración que nació de forma inesperada: Antony se prometió no lanzar la canción hasta conocerlo. Escribió a Warner, y finalmente, fue Pablo quien le contactó por Instagram. Casualidad, destino o convicción, pero el resultado fue una de las canciones más emotivas del disco.

El recorrido emocional continuó con “Hay un muro entre los dos”, una antesala de ruptura donde el miedo toma forma antes del desamor. La guitarra y las percusiones sostienen una interpretación intensa, mientras el visual —una chica llorando antes de coger un tren— refuerza la sensación de despedida inevitable.
Desde ese lugar frágil, “En el aire” introduce una reflexión más compleja sobre el equilibrio entre proteger la libertad personal y dejarse llevar por lo que se siente. “Insoportable”, con Vera GRV en el videoclip, funciona como una carta de amor optimista y desenfadada, celebrando los logros del otro sin resentimiento.
Hubo también un momento para agradecer públicamente a su equipo, con mención especial a Toni Anzis, su mano derecha y productor del disco junto a Antonio Narváez. La complicidad entre ambos es evidente en la solidez del proyecto.
El viaje continúa con uno de los momentos más intensos del disco: “Corazón dame alas”, junto a Marquitos (antes Oddliquor), fue uno de los puntos más intensos de la noche. Una mezcla entre el registro flamenco de Antony y la voz cálida y versátil de Marquitos, asentada como una de las más interesantes del R&B nacional. La canción evoluciona hacia un tramo final casi trance, con percusiones que evocan un pasodoble y un sintetizador envolvente.
Desde ahí, el mensaje se consolida con “De to se sale”, reafirmando el mensaje central del álbum: resistir, atravesar el dolor y seguir adelante. La producción se intensifica y el juego visual entre luces y sombras refuerza la idea de caída y superación. El tono cambia con “Nunca lo sentí tan increíble”, junto a Ill Pekeño, el momento más rapero del disco: un viaje sensible sobre alcanzar objetivos sin perder la emoción.
Finalmente, el cierre llega con “La ciudad de las estrellas”, dedicada a su hermana mayor y actriz. Una canción que aborda el miedo en el mundo del espectáculo y la dificultad de abrirse camino. Las referencias a La La Land son claras — el título y la balada de piano, evoca “City of Stars”— y el resultado es una despedida cinematográfica y profundamente personal.
Tras la escucha completa, el escenario se transformó en la casa de su abuela. Una escenografía íntima para interpretar en directo “Insoportable” , “De to se sale” y “Besos dorados”, con Toni Anzis a la guitarra.
Le F*llen al Miedo es, ante todo, un disco de superación, donde Antony Z deja atrás una etapa —incluso una ciudad— y una versión de sí mismo para apostar por otra. Y esta vez, lo ha hecho sin esconderse.
Silvia Aparicio