JUDELINE ATERRIZA EN EL MOVISTAR ARENA CON BODHIRIA: HECHIZANTE, ÍNTIMO Y CELESTIAL

Fotografía realizada por @manupasik.

Si tuviera que describir lo que experimenté en el concierto de Judeline el 22 de febrero, sería con tres simples palabras: un encantamiento total. La noche comenzó como cualquier otra cuando vas a ver un concierto al Movistar Arena: llegar al estadio, localizar la entrada correspondiente y entrar con antelación para hacer un paneo general del ambiente. Y, como era de esperar en un concierto de una de las mayores referentes de la escena alternativa española, el espacio ya estaba repleto 15 minutos antes de comenzar el show.

Las luces se apagaron y la reconocida voz angelical de Judeline resonó por el estadio presentando Bodhiria, acompañada de un visual en pantalla que establecía perfectamente el clima de misterio. Desde ese instante se asentó un aura hipnótica que perduró hasta el final del concierto. Los bailarines comenzaron a aparecer en escena, manteniendo a la artista escondida, quien abrió el show con “ANGELA”. La andaluza llevaba un vestido blanco delicado, con detalles de encaje y cuero que contrastaban armoniosamente. Más adelante cambiaría a un conjunto dentro de la misma línea etérea, pero más fluido para acompañar sus movimientos.

Ya cuando sonó “MANGATA” y después “INRI”, las luces estallaban intensamente y no sabías si estabas cegada por ellas o por la mismísima Judeline.

Entre la euforia de una noche que recién comenzaba, llegó antes de lo esperado la sublime canción “HEAVENLY”. Mientras tomaba nota de las palomas que flotaban por la pantalla, me di cuenta de que, junto a ellas, llegó el primer invitado de la noche entre ovaciones y aplausos: Rusowsky. El ambiente se impregnó de ternura y nostalgia, que solo aumentó durante “4 ANGELITOS”, para luego transformarse en una energía intensa y potente en la interpretación de “LUNA ROJA” junto al bailarín estrella, Héctor Fuentes. Esa energía lunar se apoderó tanto de los bailarines como de la audiencia, y resultó en un descontrol total cuando llegó “JOROPO”, donde la escena se alimentaba de lo caótico, poderoso y disruptivo. El estadio brillaba junto a su artista, y los espectadores disfrutaban cada minuto de su mar de sentimientos, especialmente cuando Judeline sorprendía con canciones de sus comienzos, como “SUSTANCIA”, “TÁNGER” o “ZAHARA”. La atmósfera invitaba al disfrute y al baile, e incluso en prensa no podíamos evitar mover los hombros al ritmo de la música mientras escribíamos nuestras notas.

Evidentemente, el homenaje a sus raíces andaluzas no pasó desapercibido. El flamenco se incorporó al espectáculo de la mano de grandes invitados de la escena, como La Mari de Chambao, el grupo Papá Levante y el guitarrista Yerai Cortés. Durante esos instantes —especialmente con la guitarra de Cortés— noté que el estadio completo guardaba silencio. Juro que ni una mosca se movía mientras permanecíamos todos como estatuas, conteniendo la respiración y olvidándonos por un segundo del resto del mundo. Simplemente escuchábamos con atención, permitiendo que la relajación de las cuerdas nos atravesara el cuerpo. Ese tiempo de serenidad fue lo que nos regaló Judeline.

Su energía es contagiosa y divertida: nostálgica cuando cantó “TIEMPO PASA” de su EP Verano Saudade, y atrevida cuando presentó “TÚ ET MOI”. Con esa misma sensualidad femenina que la caracteriza, rompió nuestros sistemas cantando “2+1”, “PIKI” y “CANIJO”; este último finalizando en un ritmo electrónico que nos transportó por unos instantes a un club techno de excelencia. Nos encontrábamos, sin duda, en medio de una neblina psicodélica y sensual de la que no queríamos salir.

Aun así, sabíamos que todo lo que sube tiene que bajar, y todo lo que empieza debe terminar. ¿Y cuál es la mejor manera de hacerlo? En medio de un mar de luces de linternas que embellecían el estadio, mientras nos despedíamos con “ZARCILLOS DE PLATA”. Fue un momento de divinidad y pureza cruda, que hizo caer más de una lágrima en el Arena. Con la piel de gallina llegó a su fin el concierto más íntimo, con agradecimientos de la artista a todo aquel que conecta con su música, tanto en momentos rotos como en los más elevados. “Este es el comienzo de algo muy grande”, expresó Judeline, y el orgullo de poder presenciarlo —eso sí que es gigante. 

Créditos: Movistar Arena.

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