El reconocimiento institucional a la cultura electrónica da un paso histórico en Europa. Francia ha declarado oficialmente su música electrónica como Patrimonio Cultural Inmaterial, consolidando décadas de creación, comunidad y transformación cultural que han marcado a varias generaciones.
La decisión supone un hito sin precedentes para la escena electrónica francesa, que pasa a ser protegida y valorada como una práctica cultural viva, con impacto social, artístico y económico. El objetivo es claro: preservar su legado, visibilizar su importancia y garantizar su continuidad frente a un contexto cada vez más frágil para la cultura de club.
El movimiento llega un año después de que el techno de Berlín fuera reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial, tras una intensa movilización impulsada por DJs, promotores y colectivos que alertaban sobre la presión inmobiliaria, la gentrificación y la pérdida de espacios culturales. Un precedente clave que ha acelerado el debate en otros países europeos.

En el caso francés, el reconocimiento se produce tras el respaldo público de Emmanuel Macron, que meses atrás defendió el valor cultural del llamado French touch. En una entrevista radiofónica, el presidente subrayó que la electrónica francesa posee una relevancia histórica equiparable a la del techno berlinés, anticipando una medida que hoy se materializa.
Este estatus se integra dentro del inventario nacional de patrimonio cultural inmaterial, destinado a proteger expresiones artísticas contemporáneas y prácticas culturales en activo. En paralelo, el Ministerio de Cultura ha reforzado su apoyo al sector con una nueva etiqueta oficial para clubes, definidos como “lugares de expresión artística y celebración”, reconociendo su papel central dentro del ecosistema cultural.
El gesto francés dialoga directamente con lo ocurrido en Alemania, donde el reconocimiento del techno berlinés fue impulsado por iniciativas como Rave The Planet, liderada por figuras históricas como Dr. Motte, fundador de la Love Parade. Un proceso que marcó un antes y un después en la legitimación institucional de la cultura rave.
Con este paso, Francia se suma a una tendencia europea que sitúa la música electrónica y la cultura de club en el centro del debate cultural. Lejos de los márgenes, la electrónica se consolida como patrimonio, como lenguaje artístico y como espacio de resistencia colectiva con futuro.