RALPHIE CHOO DESPIDE “SUPERNOVA” EN EL MOVISTAR ARENA Y DA COMIENZO A SU PRÓXIMA ETAPA

Fotografía realizada íntegramente para WHaT MAGAZINE por nuestra compañera Yaiza Cobo.

Una noche de música en el Movistar Arena siempre se disfruta, pero cuando Ralphie Choo es quien toma el escenario —siendo por primera vez el protagonista absoluto— la noche resulta diez veces más especial. El artista español, aclamado por sus letras conceptuales y contagiosas, nos regaló este 20 de febrero una noche conmovedora: la primera en este recinto y, sin duda, esperamos que no sea la última.

Con cada mezcla de géneros y sonidos musicales que compone Choo, se despierta un abanico de emociones en quienes conectan con su forma de entender y crear música. Tal fenómeno se vio más latente que nunca en este concierto. El artista abrió la noche con una breve introducción sinfónica que creó una atmósfera de unión para quienes estábamos por presenciar el tan esperado show. Cuando ya estábamos sincronizados, entre gritos y saltos, apareció Ralphie entonando “PIRRI”, una de las canciones más recientes del artista. Abrió el evento luciendo un divertido mono a rayas color burdeos, adornado con una fila de botones en la parte superior, y un calzado propio de su marca Le Toy Factory que completaba el look para uno de los encuentros más importantes de su carrera.

Tras la primera interpretación, el ambiente comenzó a cargarse de una euforia brutal que sólo aumentó cuando los clásicos estallaron: “BULERÍAS DE UN CABALLO MALO”, “NHF” y “BESO BRUMA” nos hicieron saltar por los aires. Los motores ya estaban precalentados y el público, ansioso por ver cómo continuaba esta noche de pura magia, recibió los nuevos temas que sacó Ralphie, “ROCCO” y “TENTACIÓN”, que reafirmaron una vez más la potencia con la que su segundo álbum está por llegar. Más tarde, una bola de disco se posó sobre nuestras cabezas e iluminó tiernamente el recinto durante “TOTAL90NOSTALGIA”. La primera parte del concierto culminó con la aparición de Mori como primer invitado de la noche, y ya cuando “D’AMOR TRAFICANTE” sonó, las vibras eran íntimas y magnéticas.

Ralphie se retiró del escenario por unos momentos mientras en pantalla flotaba la palabra “Charmain”, despertando rumores sobre el significado de este título… aunque eso todavía está por verse. Después de una corta espera y un coqueto cambio de look —un mono color mostaza con bolsillos y cinturón—, el artista reapareció con más fuerza que nunca para cantar “WHIPCREAM”. ¿Cómo se supera esa inyección de adrenalina después de una canción así? Sacando al escenario a nada más y nada menos que Rusowsky para interpretar “BBY ROMEO”, “GATA” y, más adelante, “DOLORES”. Puedo jurar que el Arena completo temblaba bajo mis pies. La audiencia en pista perdía la vergüenza y, con ella, el control: los cuerpos se movían cada vez con más ritmo y los pogos comenzaban a expandirse entre la multitud.

Cerrando lo que sería una noche de visuales llamativos y temas nostálgicos, se extrañó la presencia de Rosalía durante la hermosa colaboración “OMEGA”, que en su lanzamiento hizo estallar internet. Esa misma locura se despertó cuando las primeras estrofas de “VOYCONTODO” resonaron por el estadio. ¿Y cómo no, con lo que nos encanta esa canción? Fue un momento etéreo, seguido de un muy esperado “MÁQUINA CULONA” cargado de euforia. El concierto llegó a su fin de la mano de un gran tema, como solo “VALENTINO” puede ser, pero no sin antes un breve discurso de Ralphie que ganó todos nuestros corazones y fue, ciertamente, mi momento favorito del espectáculo.

En ese instante, el nombre artístico Ralphie Choo se hizo a un lado y fue Juan Casado quien nos habló. Hizo mención a la ausencia del nuevo álbum en nuestras manos y a las incertidumbres que lo llevaron a retrasar su lanzamiento. Así fue como este gran artista de la generación contemporánea nos dejó una reflexión —la más importante, diría yo, hoy en día—: “Os invito de verdad, ya que yo no lo he podido hacer hasta ahora, a que falléis, a que os permitáis fallar todo el tiempo”. Un mensaje que invita a comprender el contexto de exigencia creativa en el que nos encontramos y a darnos un momento para aprender de nuestros fallos, para equivocarnos cantando, escribiendo y proyectando al mundo, y así crecer a partir de ello.

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